miércoles, 8 de octubre de 2008

"The Star": radiografía de una decadencia

Los años cincuenta fueron muy difíciles para las grandes estrellas cinematográficas que habían establecido su reinado durante los años treinta y cuarenta. Hollywood, ayer igual que hoy, se mostraba implacable con la madurez física de sus luminarias, a las que abandonaba a su suerte después de haber ingresado cantidades astronómicas de dinero obtenidas a través de los éxitos de taquilla que estas habían proporcionado. Es este el caso de Norma Shearer, Irene Dunne, Claudette Colbert, Rosalind Russell o Miriam Hopkins, por citar, al azar, ejemplos más que conocidos. De entre todas ellas, es excepcional la evolución de dos de las más grandes estrellas de los 30 y los 40: Joan Crawford y Bette Davis, asimismo dos de las más importantes y representativas figuras de lo que se dio en llamar star-system, o la fórmula de los estudios cinematográficos para mantener alta la taquilla basando el mecanismo de producción de las películas en los nombres que podían situar en lo alto de las marquesinas de los cines. 
Joan Crawford, reina indiscutible de la Metro Goldwyn Mayer durante más de veinte años, tuvo que ver como la poderosa productora de Louis B. Mayer se deshacía de ella como de una auténtica molestia con la que ya no sabían que hacer. Lo mismo ocurrió con su nuevo hogar profesional, la Warner Bros., que se hallaba bajo el tiránico control de Jack Warner quien prescindió de ella, eso sí, después de obtener grandes triunfos en el box-office con películas como "Mildred Pierce" o "Flamingo Road". Crawford continuó luchando por conseguir buenos papeles en la industria del cine, trabajando fuera de los grandes estudios y buscando refugio en las pequeñas productoras independientes que pugnaban por sobrevivir bajo la peligrosa sombra de la Metro, la Fox, la Warner, la Universal o la Paramount. Así, Crawford se convirtió en una presencia constante entre la producción de estas minors, las cuales -y, por descontado, también gracias a su gran categoría interpretativa- le ofrecieron grandes éxitos como la mítica y crepuscular "Johnny Guitar" (Republic Pictures) o la melancólica y patética "Autumn Leaves" (William Goetz Productions). El gran público, sin embargo, no se dio cuenta de los equilibrios de Crawford para continuar manteniéndose en la cima, dado que la mayoría de estas producciones independientes eran distribuidas por los grandes estudios, que disponían de la enorme infraestructura necesaria para estrenar convenientemente en salas de exhibición de todo el país y garantizar un lanzamiento internacional.
La trayectoria de Bette Davis a partir de 1950 se ajusta, prácticamente, al mismo patrón. Su primera película después de finiquitado el contrato que la mantenía ligada con la Warner -su hogar desde los inicios de su carrera a principios de la década de los años treinta- fue una de las producciones clave de la historia del cine, "All about Eve", realizada por Joseph Leo Mankiewicz para la Twentieth Century Fox. Después de esta gran obra maestra, Davis siguió trabajando en películas de relativa trascendencia para diferentes estudios como la RKO, la Eros, o de nuevo para la Fox hasta que recibió la oferta del productor Bert E. Friedlob para protagonizar "The Star", una amarga radiografía de la decadencia de una antigua estrella de Hollywood que no encuentra su lugar en una industria que le ha dado la espalda.
Bette Davis consiguió arrancar del personaje de Margaret Elliot -una Top Hollywood Star ganadora de un Oscar- una de sus mejores interpretaciones en un papel que se encontraba, en aquellos momentos, muy cercano a su propia experiencia personal. Si bien Davis siempre se implicaba al límite en la creación de sus personajes, aquí efectúa un excelente y magnífico despliegue de recursos dramáticos imbuída, sin duda alguna, por su propia circunstancia y por el presentimiento de un pronto descenso a la Tierra ante la emergencia de jóvenes nuevas estrellas que brillarían intensamente en el cine colorista y de grandes producciones de los años cincuenta.
El personaje de Margaret Elliot incorpora todos los tópicos del arquetipo universalmente asumido de la estrella de Hollywood: alcohólica, caprichosa, inconstante y vanidosa, moviéndose en un falso entorno de decorados construídos entre palmeras resecas y night clubs privados al lado de gasolineras instaladas en ruidosas highways. Margaret Elliot se ve incapaz de tomar conciencia del paso de los años, del cambio egoísta y cruel de los gustos del público y de su propia decadencia física, y lucha desesperadamente contra todo ello de la única manera en que sabe hacerlo: interpretando en la vida real el patético rol de la megaestrella que ya no es, obviando que se ha convertido en una triste parodia del pasado, una portada arrugada del Variety que nadie tiene en cuenta, una what's-her-name recordada solamente por nostálgicos empedernidos. Se encuentra, además, sin un centavo en el bolsillo, después de haber malgastado su fortuna en caprichos y en mantener a la familia de su hermana y su cuñado bueno-para-nada, paradigma del parásito que vive cómodamente bajo la sombra fresca de un espeso árbol. Por otro lado, su única hija, Gretchen (interpretada por una pre-adolescente Natalie Wood), tiene que vivir con su padre y ex-marido de Margaret porque esta no dispone ni de los medios suficientes para poder mantenerla. A punto de tocar fondo, se reencontrará con Jim Johannsen (el siempre excelente Sterling Hayden), un ocasional partenaire de Margaret en el cine que la ayudará a superar la angustia y la frustración, no sin antes tener que sufrir las consecuencias de interactuar con el difícil y complejo carácter de la actriz. "The Star", dirigida por un poco conocido realizador llamado Stuart Heisler -quien, cosas de la vida, también tuvo su momento de máximo esplendor en la década de los treinta- es una magnífica vista panorámica sobre las interioridades de Hollywood, una mirada voyeurista y sin concesiones a una industria que, en el fondo y mirándolo objetivamente, no hace más que poner el interés económico por delante de las personas, ni más ni menos que cualquier otro negocio del mundo.

jueves, 2 de octubre de 2008

Weird Toons # 21: "Maw and Paw"

La factoría de producciones animadas de Walter Lantz es universalmente conocida por sus personajes más célebres, como Andy Panda, Chilly Willy o Oswald the Lucky Rabbit, y especialmente, su más famosa creación: Woody Woodpecker, el "Pájaro Loco". Lantz produjo sus cartoons durante más de cuatro décadas para la Universal Pictures, estrenando a partir de 1957 su popularísimo The Woody Woodpecker Show en la televisión en el que aparecían los cortos de todas las estrellas del estudio acompañando a los de la enloquecida ave carpintera. Sin embargo, Walter Lantz creó todo un rosario de interesantes personajes animados hoy en día absolutamente desconocidos por el gran público. Entre todos ellos destacan Space Mouse, Sugarfoot, Maggie & Sam, The Beary Family o Inspector Willoughby (de los cuáles habrá futuro post en profundidad), quienes servían de "teloneros" en el show de las figuras de la casa.
Maw and Paw fueron unos de estos lujosos secundarios que Walter Lantz creó inspirándose en la pareja protagonista de la serie de películas de Ma and Pa Kettle, encarnados por Marjorie Main y Percy Kilbride en diez hilarantes entregas para la gran pantalla producidas por la Universal, ciertamente de bajo presupuesto pero que resultaron un enorme éxito de taquilla. Main y Kilbride interpretaron magistralmente a este matrimonio de granjeros hillbillies que lucha denodadamente por mantener sus arraigadas tradiciones campesinas en un mundo que cada vez les resulta más y más difícil de comprender, creando un arquetipo rural middle America encantadoramente camp y revestido de enormes capas de tierna humanidad.
Los cartoons de Maw and Paw nos muestran situaciones en este mismo sentido, en las que se ponen de manifiesto los valores de la vida en el campo de las comunidades agrícolas a pesar de ser retratadas desde el punto de vista jocoso y un tanto ridiculizante de las metrópolis urbanas, alejadas del medio rural no solamente por su situación geográfica sino también por la incompatibilidad de dos maneras de entender la vida a distancias astronómicas una de la otra. Maw and Paw representan, así pues, el último baluarte de una América no contaminada por la publicidad de las grandes firmas comerciales que marcan el ritmo de la sociedad de consumo, una América de caminos vecinales sin asfaltar y de mecedoras en los porches que, poco a poco, ha ido desapareciendo junto con toda una filosofía no escrita acerca de la existencia.
El primer corto de Maw and Paw fue estrenado en 1953 con dirección de Paul J. Smith, quien se encargaría de la mayor parte de la producción de Walter Lantz durante los últimos veinte años de historia de sus estudios de animación. Cuatro cartoons en total se produjeron hasta 1955, cuando estos personajes echaron el cierre con "Paw's Night Out", corto en el que el protagonismo recaía en Milford, un cerdo muy especial -en los créditos se le presenta como the smart one- que demostraba tener infinitamente más inteligencia y sentido común que cualquier otro habitante de la granja, incluyendo a Maw, a Paw, y a sus dieciseis hijos (los he contado, uno por uno, revisando los cortos de la serie). Estas connotaciones un tanto groseras al hábitat rural no ayudaron a que los cartoons de Maw and Paw se popularizaran a nivel nacional, pagando un elevado precio que incluyó -tristemente- el no verse publicados en las tiras cómicas ni en las historietas gráficas que se comercializaban regularmente con otros personajes de la productora, y la nula existencia de merchandising relativo de ninguna clase. Sin embargo, estos cortos resultan hoy en día tremendamente interesantes por la traslación que al medio animado se hizo -pese a la evidente deformación de la realidad que se nos muestra en ellos- de un amplísimo sector de la sociedad americana de los años treinta y cuarenta que todavía arrastraba las consecuencias del crack económico de 1929.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Gardner & Sinatra # 3: I love you to die

Durante las Navidades de 1952, Ava Gardner se hallaba en Africa rodando "Mogambo" junto a Clark Gable y Grace Kelly, dirigidos por el maestro John Ford. Sinatra, sin mucho que hacer en los Estados Unidos, se unió al grupo en Kenya para celebrar el cumpleaños de su esposa la noche del 24 de Diciembre, Nochebuena. La fiesta tuvo lugar en plena sabana dentro de las tiendas de campaña en las que se alojaba el equipo de rodaje, y Sinatra se presentó con un anillo en el que se hallaba encastado un magnífico diamante. Una anécdota al respecto es bastante reveladora de cual era la verdadera situación económica del matrimonio en aquellos momentos. Ava se confió a Robert Surtees, el director de fotografía, espetando "ese hijo de puta me ha pasado la factura del anillo". La falta de liquidez llegó a convertirse en una humillación constante para Frank Sinatra quien, por el momento, no veía remontar su aletargada carrera.
Estando en Africa, y después del regreso de su marido a los Estados Unidos, Gardner se sinceró con el realizador John Ford, contándole que se hallaba embarazada. A pesar de los esfuerzos del anciano director para disuadirla, Ava obtuvo su autorización para desplazarse en un viaje relámpago a Londres, donde se hizo practicar un aborto. Es muy posible que esta intervención fuera la causa de la posterior incapacidad de Ava Gardner para la maternidad, una de los grandes decepciones de su existencia. Después de unos días de recuperación durante los cuales la Metro tuvo que esmerarse para ocultar el verdadero motivo de la estancia de la actriz en Inglaterra, Ava volvió a Africa para terminar el rodaje de "Mogambo" y poder regresar a California.
La vida con Sinatra no era nada fácil. Frank se pasaba el día sin apenas hacer nada, deprimido y con violentos accesos de irritabilidad. Todo pareció empezar a ir a mejor cuando le fue ofrecido -en parte, gracias a la influencia de Ava- un papel de relevancia en "De aquí a la Eternidad", la producción Columbia dirigida por Fred Zinnemann basada en la novela de James Jones. La película fue un tremendo éxito de taquilla que obtuvo para Sinatra el Oscar de la Academia de Hollywood al Mejor Actor de Reparto de 1954 por su interpretación del soldado Angelo Maggio. Este galardón representó para él la recuperación de la autoestima perdida, al mismo tiempo en que comenzaban a lloverle ofertas de nuevas películas y contratos para dar conciertos, que relanzarían su carrera como cantante. Frank y Ava, con sus agendas llenas, comenzarían a espaciar sus encuentros, que venían seguidos de atronadoras discusiones en cuanto volvían a verse, convirtiendo su relación matrimonial en algo agotador.
Poco después, Howard Strickling, jefe de publicidad de la Metro Goldwyn Mayer, anunció públicamente la separación de Gardner y Sinatra debido a "diferencias irreconciliables". A partir de ese momento, ambos mantuvieron una curiosa relación en la que varias veces intentaron retomar su vida en común. Los intentos daban rápidamente paso, una vez más, a la constatación de una imposibilidad manifiesta en seguir juntos, que convertía sus esfuerzos en algo absolutamente quimérico. La desesperación por su separación de Ava supuso para Sinatra tres intentos de suicidio, el último de los cuales ocurrió poco antes de dictarse la sentencia de divorcio en 1957.
A partir de entonces, Frank Sinatra llevó constantemente consigo una fotografía emmarcada de Ava Gardner que colocaba en cuantos camerinos y habitaciones de hotel se instalaba, sufriendo fuertes depresiones que le provocaban un insomnio crónico y le obligaban a abusar del alcohol y las drogas tranquilizantes. Por su parte, Ava nunca más volvió a casarse, iniciando un desfile de relaciones más o menos trascendentes en su vida con diferentes hombres, siendo una de las más duraderas y conocidas la que mantuvo con el actor y latin lover italiano Walter Chiari. Sinatra sí volvió a hacerlo en dos ocasiones más, la primera de ellas -en 1966- con una todavía muy joven y prácticamente desconocida Mia Farrow. Ava diría de este enlace "siempre supe que Frank acabaría llevándose a un muchachito a la cama", refiriéndose a la andrógina actriz. Más tarde, en 1967, y después de su divorcio de Farrow tras solamente trece meses de matrimonio, Frank llevaría al altar a Barbara Marx (ex-esposa de Zeppo Marx) quien llegaría a ser legalmente su viuda tras su muerte en 1998.
Ava y Frank continuaron queriéndose el resto de sus vidas. Sinatra enviaba a Gardner puntualmente las primeras copias de sus nuevos discos, y esta tenía llaves de todas las casas que él tenía repartidas por el mundo, encontrándose totalmente a su disposición y perfectamente equipadas siempre que lo necesitara.
Ella, a menudo entre brumas alcohólicas, hablaba telefónicamente con su ex-marido en mitad de la noche durante horas, y él acabó por adquirir la estatua de Ava que aparece en la película "The Barefoot Contessa", plantándola en el jardín de su casa californiana. En los últimos años de la vida de Ava Gardner, y sobre todo después de la apoplejía que sufrió en 1986, Sinatra se ocupaba a distancia de su ex-esposa, manteniéndose al tanto del desarrollo de su enfermedad respiratoria y trasladándola en su avión privado desde Londres a los Estados Unidos cada vez que su dolencia se complicaba. Finalmente, Gardner murió en su casa de Londres el 25 de enero de 1990. En su entierro, celebrado bajo una persistente lluvia en su pueblo natal de Smithfield, Carolina del Norte, un ramo de flores destacaba entre todos los demás con una simple leyenda: "Con todo mi amor, Francis".