jueves, 8 de enero de 2009

"Me llamo Bond, James Bond..." (# 2)

2- GEORGE LAZENBY:
Cuando Sean Connery tuvo que apartarse del rodaje de la serie de películas de James Bond 007 por otros compromisos de trabajo en 1967, los productores Saltzman y Broccoli tuvieron que buscar un sustituto para seguir adelante con la adaptación al cine de las novelas de Ian Fleming que tan magníficos dividendos venían arrojando desde el estreno de la primera entrega, "Agente 007 contra el Dr. No", en 1962. No era tarea nada fácil encontrar a un actor que diera la talla, después del altísimo listón que Connery había dejado, habiéndose además convertido en una de las grandes estrellas del cine de la década de los sesenta. En ese oportuno momento, el book de George Lazenby, un actor publicitario australiano de treinta años que era, en aquella época, el modelo masculino mejor pagado del mundo, cayó en las manos de los productores de la serie Bond, los cuales vieron en él grandes posibilidades de convertirse en el sucesor de Sean Connery. El día de su primera entrevista con Saltzman y Broccoli, George Lazenby, vestido con un traje Saville Row y luciendo un Rolex Submariner, no tuvo ningún problema para hacerse con el papel.

De hecho, Lazenby lo tenía todo a su favor: un rostro anguloso esculpido en piedra, unos modales elegantes y distinguidos, y un impresionante y atlético cuerpo que recordaba enormemente al de su famosísimo antecesor. Su imagen, asimismo, era bien conocida por el gran público a nivel internacional después de haber sido el vaquero protagonista de una de las campañas publicitarias de la marca de cigarrillos Marlboro. Lazenby, que cobraba cifras astronómicas -en libras esterlinas- por su trabajo como modelo, no pudo rechazar la suculenta oferta económica que Saltzman y Broccoli pusieron a su disposición, convirtiéndose en el nuevo James Bond en la que iba a ser la siguiente película de la serie: "007 al servicio secreto de Su Majestad".
"On Her Majesty's secret service" daba un vertiginoso giro al personaje de James Bond al presentarle como un recién casado en felicísima luna de miel con su flamante esposa, interpretada por la actriz británica Diana Rigg (muy popular por su papel de Emma Peel en la exitosa y recordada serie "Los Vengadores"). Lamentablemente, la felicidad durará poco, ya que enviudará trágicamente al ser asesinada su esposa por los esbirros de su archienemigo Blofeld (en esta ocasión, un Telly Savalas menos convincente que su antecesor en "Sólo se vive dos veces", Donald Pleasance). La película se convierte, entonces, en un espectáculo trepidante al ritmo de la inspirada banda sonora de John Barry, resultando además una de las más fieles adaptaciones cinematográficas de las novelas de Ian Fleming. La crítica, sin embargo, no dejó en muy buen lugar el trabajo de Lazenby, al que acusó de ofrecer una floja actuación.
Lazenby, desanimado por los comentarios negativos que se vertieron sobre su encarnación de James Bond, rechazó continuar en el papel, a pesar de que los excelentes resultados del film en taquilla -87 millones de dólares de recaudación a nivel mundial- llevaron a Saltzman y Broccoli a ofrecerle un contrato por siete películas más. Lazenby, que ya había firmado una carta-compromiso para protagonizar la siguiente entrega de 007, "Diamantes para la eternidad", abandonó finalmente la serie, retomando Connery, una vez más, el personaje.
A comienzos de los años setenta, Lazenby inició una colaboración con el actor Bruce Lee participando en tres de sus más populares películas sobre artes marciales: "The Shrine of Ultimate Bliss", "The Man from Hong Kong" y "A Queen's Ransom". Pero la prematura muerte de Lee en 1973, justo antes del rodaje de "A Game of Death", dio al traste con tan fructífera unión, precipitando el fin de la corta -aunque intensa- carrera cinematográfica de George Lazenby, el cual tuvo que verse parodiando su personaje de James Bond en la adaptación al cine de las aventuras del Superagente 86, Maxwell Smart, en "The Nude Bomb" (1980), y participando en siete de las entregas de la serie de cine erótico inspiradas en la "Emmanuelle" de Just Jaeckin durante los años 1992 y 1993.
Más suerte tuvo, sin embargo, dedicándose a otros menesteres, con los que amasó una impresionante fortuna. Se centró en el negocio immobiliario, convirtiéndose en un poderoso promotor, y se casó con la heredera del imperio Gannett Newspaper Publishing, Christina Gannett, uniéndose más tarde con la tenista Pam Shriver. De ambos matrimonios nacieron cinco hijos.
George Lazenby vive, actualmente, rodeado de lujos. Practica la vela, el motociclismo, las carreras de coches, ve mucho cine y juega al golf y al tenis. Ocasionalmente, aparece en el estreno de la última película de la serie Bond o se deja ver por los platós de televisión para contar por enésima vez su experiencia siendo el agente secreto 007. Y, para terminar, un comentario personal que no puedo evitar hacer: si tengo que escoger al James Bond ideal -por descontado, siempre después del indiscutible liderazgo de Sean Connery- me quedo con este pseudo-actor que, si bien nunca habría llegado a protagonizar ninguna obra de Shakespeare o de Arthur Miller, sí aportó a su personificación de Bond un look de excepcional calidad, totalmente acorde con el arquetipo de las novelas de Ian Fleming y muy por encima de cualquiera de sus sucesores en el rol.

miércoles, 7 de enero de 2009

"Me llamo Bond, James Bond..." (# 1)

De la imaginación del novelista británico Ian Fleming nació, en 1950, uno de los más estimulantes arquetipos literarios del siglo XX, James Bond, el agente 007 del Servicio Secreto de Su Majestad Británica que se convertiría, algunos años más tarde, en uno de los mayores mitos cinematográficos de la historia del Séptimo Arte. Fleming, que publicó doce famosísimas entregas noveladas de las aventuras de su excitante personaje, murió en 1964 sin llegar a conocer la edición de la última de ellas, "El hombre de la pistola de oro", publicada póstumamente en 1965. Las novelas de Fleming dotaron a la literatura "de espías" -género que tuvo su precedente en la novela negra de Mickey Spillane y Dashiell Hammett en los años treinta- de una mayor calidad y entidad narrativas, aportando un grado de sofisticación desconocido hasta entonces al presentar el personaje de James Bond como un refinado sibarita maestro en los menesteres gastronómicos y amatorios. Bond, cuya capacidad para la acción parece ser ilimitada, podría ser considerado hoy en día un auténtico cretino machista, autosuficiente, prepotente y vanidoso, pero cuyas características más intrínsecas fascinaron a una audiencia a la que le faltaban, todavía, varias décadas para conocer y aplicar el concepto de corrección política. James Bond, asimismo, incorporaba a su novedoso y peculiar estilo unas inagotables y generosas dosis de testosterona nunca antes derrochadas con semejante holgura. De esta manera, el agente secreto 007 se convirtió en un mito erótico que mantiene su actualidad y su potente atracción como el primer día gracias a las constantes revisitaciones que el cine viene haciendo de sus avatares desde su inicial incursión fílmica en 1962 con "Agente 007 contra el Dr. No", protagonizada por el primer y, sin duda, más famoso actor que encarnaría a Bond, el escocés Sean Connery, pionero en una lista que alcanza ya la suma de seis distintos intérpretes. Todos, a pesar de que han mantenido los trazos esenciales del personaje, han aportado muy distintos puntos de vista de su carácter, haciéndose, pues, imprescindible la revisitación de cada uno de ellos para llegar a establecer el retrato completo del mito y ofrecer así una panorámica nada sesgada de su auténtica y, en realidad, compleja personalidad:
1- SEAN CONNERY:
Sin temor a equivocarme, el que quedará como único referente del personaje cuando se hable del mismo dentro de doscientos años. Connery, dueño de una apostura física sin parangón en los años sesenta, definió magníficamente las características del Bond imaginado por Ian Fleming llevando al límite sus rasgos más viscerales. Su capacidad para el sexo es ilimitada, acompañando a las camas de los mejores hoteles del mundo -Bond no está nunca en su flat de Londres, ni siquiera por casualidad- a las hembras más codiciadas y deseables del espionaje internacional, auténticas mantis religiosas a las que, a menudo, se ve obligado a eliminar después de descargada su -al parecer- portentosa herramienta. Connery introdujo la disciplente manera en que Bond pide a un barman "un Martini agitado, no revuelto", y su famoso latiguillo "me llamo Bond, James Bond", que se convirtió en su tarjeta de presentación desde la primera película de la serie, "Dr. No". Sin embargo, y a pesar de que el éxito del actor fue absoluto desde el primer momento, no se vio libre de las acusaciones de ciertos sectores exageradamente puristas desde los que se le acusaba de haber convertido al elegante y casi aristocrático héroe de Fleming en un robot deshumanizado desprovisto de sentimientos dignos de encomio. El novelista británico, por su parte, apoyó incondicionalmente la transposición fílmica de su creación literaria, aproximando incluso el personaje a su modelo cinematográfico en las sucesivas novelas posteriores. El triunfo de Connery pulverizó todas las expectativas, determinando también el aspecto del James Bond de las viñetas del comic de insuperable resultado gráfico dibujado por Horak a partir de 1963.
Indiscutiblemente, mucho debe atribuirse a un nada velado erotismo el éxito de "Agente 007 contra el Dr. No", donde un recurrentemente descamisado Connery -haciendo honor a la gloriosa tradición americana del beefcake de amplio predicamento, por otro lado, entre la comunidad homosexual- se veía acompañado por la suiza Ursula Andress, entonces en el apogeo de su rotunda belleza física y apenas cubiertas sus partes más púdicas por un minúsculo bikini blanco. Los productores británicos del filme, Harry Saltzman y Albert R. Broccoli, propietarios de los derechos de casi toda la obra de Ian Fleming (a excepción de "Thunderball", propiedad de Kevin McClory, y de "Casino Royale", en manos de Charles K. Feldman), vieron en la poderosa carga sexual del actor escocés una de las principales bazas a tener en cuenta para las sucesivas entregas de la serie, y procuraron rodearlo de féminas de turbadora presencia como la italiana Daniela Bianchi, la británica Honor Blackman o la nipona Akiko Wakabayashi, con las que Bond ponía en práctica sus rituales de amor y muerte para regodeo y satisfacción de las plateas del mundo entero. En el caso de Blackman, por cierto, su personaje de Pussy Galore en "Goldfinger" resulta ser la roca lésbica contra la que casi se estrellan los deseos del macho, el cual, por supuesto, consigue al final que los estrógenos de la interfecta vuelvan al cómodo redil de la heterosexualidad.
Así, el Bond de Connery representa la esencia clásica e indestructible del mito, sostenida por producciones con un delicioso regusto a sixties y a Guerra Fría, y al comienzo imparable y aterrador de la era tecnológica con fondo de canciones de Tom Jones y Shirley Bassey. Pero después de seis grandes éxitos encarnando a James Bond ("Agente 007 contra el Dr. No", 1962; "Desde Rusia con amor", 1963; "Goldfinger", 1964; "Operación Trueno", 1965; "Solo se vive dos veces", 1967, y "Diamantes para la eternidad", 1971), parecía que la fulgurante carrera de Sean Connery se vería irremisiblemente fagocitada por la extraordinaria popularidad de un único personaje, del mismo modo en que mucho antes había ocurrido con Tarzán-Johnny Weissmuller y con Drácula-Bela Lugosi. Sin embargo, la inteligencia intuitiva de Connery supo alternar su alter ego cinematográfico con papeles en producciones de distinto calibre en los que pudo ir exhibiendo su gran versatilidad.
Connery, pues, trabajó con directores como Basil Dearden, Alfred Hitchcock y Sidney Lumet, cimentando su prestigio actoral más allá de la máscara del agente secreto 007. La carrera de Connery, modélica teniendo en cuenta el peligro inherente que corrió en su reiteración como James Bond, es un ejemplo de eclectismo en el que destacan títulos pertenecientes al más clasista cinema de qualité y joyas de la ciencia-ficción, mezclados con tormentosos melodramas en los que compartió cama y cartel con damas como Lana Turner o Gina Lollobrigida. Incluso se permitió el lujo, en 1983, de retomar el personaje que le hizo famoso en "Nunca digas nunca jamás", aunque ya luciendo un pésimo peluquín al lado de la estrella del momento, la bellísima Kim Basinger. Hoy en día, Sean Connery es un nombre sinónimo de calidad actoral, que lo mismo acompaña a Indiana Jones en sus aventuras arqueológicas por los rincones más recónditos de la Tierra que se mete en la piel del explorador Alan Quatermain en un producto de la era digital como "La Liga de los Hombres Extraordinarios". Y todo ello, sin el menor atisbo de remordimiento, sabedor de que su extraordinario background le avala desde las enciclopedias de cine.

domingo, 21 de diciembre de 2008

"Daktari", veterinaria serializada

La Metro-Goldwyn-Mayer siempre se había destacado por ofrecer grandiosos y coloristas espectáculos en los que la naturaleza cobraba un importantísimo protagonismo. Desde los seriales para la gran pantalla con el personaje de Tarzán, hasta las inolvidables "Mogambo" y "Las Minas del Rey Salomón" o, más tarde, la crepuscular "Hatari!", los famosos estudios de Hollywood habían apostado y ganado siempre al realizar estas producciones ambientadas en el continente africano, lugar de enormes resonancias aventureras y tierra de excitantes peligros y misterios. No es, pues, de extrañar que la proposición del productor Ivan Tors fuera vista por la MGM como un saludable negocio y un reto a la altura de sus posibilidades: rodar una serie que relatara los pormenores de la vida de un grupo de veterinarios trabajando en plena sabana, con muchos animales salvajes, escenas en exteriores y convenientemente aderezado con buenas dosis de emocionante suspense.
La producción de "Daktari" comenzó en 1965, con la localización de un lugar no por casualidad llamado Africa a 100 kilómetros de Los Angeles, y en donde las condiciones climatológicas, botánicas y orográficas hacían posible la reconstrucción de buena parte de la sabana africana a un tiro de piedra de los estudios de la Metro. En el amplísimo perímetro de rodaje se movían libremente más de quinientos animales salvajes, que iban a ser, en el fondo, los verdaderos protagonistas de la serie por encima de los seres humanos. Para las escenas que iban a necesitar de auténticas perspectivas africanas, una unidad de rodaje se desplazó al Parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique, mientras que los interiores de la residencia de los Tracy y de la enfermería de animales del campamento se rodaron en los platós de la Ivan Tors Studios en Florida.
El actor Marshall Thompson, una cara popular en las comedias juveniles que produjo la MGM en la década de los cuarenta y en multitud de películas de serie B, consiguió la fama mundial gracias a la oferta que recibió para interpretar al Doctor Marsh Tracy, un veterinario apodado Daktari ("médico") por los miembros de las tribus nativas. Tracy -viudo- vive solamente para dos cosas: la salvaguarda y la protección de las especies animales de la región de los Grandes Lagos (una immensa zona entre Kenya, Zaire y Tanganika), y su hija Paula (Cheryl Miller), una adolescente que admira profundamente la labor que realiza su padre y que desea seguir sus pasos. Otros personajes del campamento Wameru son Jack (Yale Summers), ayudante y hombre de confianza del Doctor Tracy, y Mike (Hari Rhodes), hombre familiarizado con la vida en la sabana por su nacimiento y uno de los motores de la organización de los Tracy. Finalmente, merece destacarse al actor Hedley Mattingly como el comisionado del gobierno, fiel, recto e incorruptible funcionario que es el nexo de unión entre los estamentos oficiales y el grupo de científicos.
Compartiendo la cabecera de los títulos de crédito con sus compañeros humanos se encuentran las dos indiscutibles estrellas de la serie: Judy, una chimpancé listísima -digna heredera de la mítica Cheetah- que incluso ayuda a Tracy en la enfermería, y Clarence, un león manso como un cordero y que tiene como particularidad un exacerbado estrabismo, una curiosa caracerística que, aunque pueda parecer exagerado, se convirtió en una de las señas de identidad de la serie. De hecho, la MGM apostó desde un principio por Clarence como uno de sus platos fuertes, rodando un largometraje previo a la producción de la serie y al que llamó sencillamente "Clarence, the cross-eyed lion" ("Clarence, el león estrábico"). Estos dos animales fueron enormemente populares durante el período de emisión de la serie, hasta el punto que Judy fue galardonada con el Emmy a la mejor actuación en televisión de 1966 por la Academia de las Artes y las Ciencias de Hollywood, trofeo que recogió personalmente de manos de la mismísima Lucille Ball, dejando anodadada no solamente a la brillante estrella de la televisión americana sino a toda la crème de la industria del espectáculo allí congregada.
El productor Ivan Tors cosechó un grandioso éxito con la producción de "Daktari", que fue vendida a infinidad de países en todo el mundo, siendo asimismo el creador de otra triunfadora serie para consumo familiar que narraba las aventuras de un delfín muy especial, "Flipper". Tal como ocurriría también con "Flipper" (de la que llegaron a rodarse dos largometrajes) "Daktari" tuvo su ya mencionada versión cinematográfica anterior a la serialización para la pequeña pantalla. Dirigida en 1965 por el especialista de la Metro en asuntos africanos Andrew Marton, quien había dirigido en 1952 la popularísima "Las Minas del Rey Salomón",  incorporaba a los mismos intérpretes que, más tarde, protagonizarían la serie de televisión, y contaba además con la presencia de Richard Haydn y Betsy Drake.