martes, 5 de agosto de 2008

Vivian Vance, la casera del 623 East 68th Street

Poseer un edificio de apartamentos en pleno corazón de Manhattan no ha sido nunca tarea fácil. Si no, que se lo digan a Vivian Vance, que durante 176 de los 181 episodios producidos de la mítica "I Love Lucy" fue la casera del matrimonio formado por Ricky y Lucy Ricardo en el 623 East 68th Street. Si a las obligaciones cotidianas de una propietaria residente en el edificio -cuidar de la caldera de calefacción, el mantenimiento de las escaleras y el hall o llevar la contabilidad y el cobro de los alquileres- le añadimos tener que lidiar en los peligrosos ruedos en los que acostumbra a meterla su arrendataria del apartamento 4-A, la situación puede convertirse en una auténtica bomba de relojería constantemente a punto de estallar. Así, Vivian Vance interpretó desde 1951 hasta 1957 el entrañable personaje de Ethel Mertz, la amiga, confidente y cómplice -incluso en algunas actividades cercanas a la ilegalidad- de la protagonista Lucille Ball. En definitiva, la sidekick ideal. Vance compartió la immensa popularidad alcanzada durante sus años en "I Love Lucy" con el actor William Frawley, quien interpretaría el personaje de su marido, Fred Mertz. Frawley, un actor entrado en la sesentena con una larguísima carrera a sus espaldas como actor de reparto desde los tiempos del cine mudo, formó con Vivian Vance una de las parejas artísticas más queridas por el público americano, a corta distancia de los mismísimos Lucille Ball y Desi Arnaz. Fred y Ethel Mertz son un maduro matrimonio cargado de todo el desengaño, la desidia y la ironía propias de las parejas que llevan treinta años de convivencia y quienes, en sus años mozos, se habían dedicado al show bussiness. Ello permitió a Vance y Frawley lucirse, muy a menudo, en improvisados números de vaudeville que resultaban extraordinariamente bien recibidos por la audiencia, que veía en los Mertz un apunte extraído de la realidad cotidiana ante los disparates y desaguisados organizados por sus vecinos del piso de arriba. Vivian Roberta Jones nació en Cherryvale, Kansas, en 1909. Pese a la oposición de su familia, consiguió trabajo como actriz en Tulsa y, más tarde y ya casada con el que sería el primero de sus tres maridos, en Albuquerque. El gran éxito que obtuvo actuando en la compañía del Albuquerque Little Theatre le proporcionó los medios económicos que necesitaba para desplazarse a Nueva York y poder estudiar como pupila de la prestigiosa actriz Eva Le Gallienne. En Nueva York comenzó a trabajar en diferentes musicales de Broadway en papeles de reparto -"Anything Goes", "Music in the Air" o "Hooray for What!", entre otros- durante la década de los treinta. El escenario continuó siendo su salida profesional durante los años cuarenta, hasta que en 1950 c0menzó una larga y provechosa relación con el medio televisivo que alternó con escasas y no muy relevantes incursiones en la gran pantalla. En 1951, Lucille Ball y Desi Arnaz estaban buscando a la pareja que tendría que acompañarles en la nueva serie de televisión que preparaban bajo la batuta de la CBS. Vance no fue la primera elección para el personaje de Ethel Mertz, dado que Lucille Ball deseaba ofrecer el papel a su buena amiga Bea Benaderet -más tarde, la voz original de Betty Rubble en "Los Picapiedra"- pero otros compromisos profesionales la obligaron a declinar la oferta. El papel sí fue entonces para Vivian Vance, sugerida al propio Desi Arnaz por el productor de la serie, Jess Oppenheimer, quien había visto a la actriz en el teatro en la obra "The Voice of the Turtle". La serie se estrenó con un éxito arrollador en octubre de ese mismo año, obteniendo los mejores lugares en los ratings de audiencia semanales y colocando a sus protagonistas en la cresta de la popularidad. Vance obtuvo un premio Emmy a la Mejor Actriz de Reparto por su papel de Ethel Mertz en 1953, siendo nominada hasta tres veces más antes de que la producción fuese cancelada en 1957.
Vivian Vance continuó trabajando junto a Lucille Ball y Desi Arnaz después de "I Love Lucy" en los especiales que se realizaron repitiendo sus mismos personajes y, a partir de 1962, en la nueva serie "The Lucy Show", donde asumió el rol de Vivian Bagley -el primer personaje divorciado de la historia de la televisión- y ya sin Desi Arnaz (divorciado de Lucille Ball desde 1960). A pesar de la tentadora oferta que se le hizo -junto a William Frawley- de disponer de su propio show como Fred y Ethel Mertz, el spin-off no llegó a realizarse ante la negativa de la actriz, a quien ni siquiera logró convencer el entusiasmo demostrado por Frawley. Vance siguió trabajando con Ball en su nuevo programa hasta 1965, y todavía una vez más en "Here's Lucy", en antena desde 1968 hasta 1974, sin acobardarse por el cáncer de pecho que le fue diagnosticado en 1969. A partir de 1975, trabajó muy poco a consecuencia de su mala salud, empeorada por una embolia que la dejó parcialmente paralizada en 1977. Vivian Vance murió en Belvedere, California, el 17 de agosto de 1979 a los 70 años de edad.

lunes, 4 de agosto de 2008

La Tierra contra "Los Invasores"

Un automóvil transita, en una oscura noche, por una desértica carretera en algún lugar del medio oeste de los Estados Unidos. Su conductor, David Vincent, un joven arquitecto agotado por el cansancio y vencido por el sueño. Circulando por lo que cree que será un atajo a su destino, se da de bruces con la increíble visión de un enorme platillo volante posándose sobre la tierra yerma que se extiende ante él. Se trata de seres inteligentes, procedentes de un mundo lejano que está desapareciendo. Su única posibilidad de sobrevivir está en conquistar nuestro planeta y colonizarlo a partir de una invasión solapada, lenta pero segura, emmascarados en su apariencia perfectamente humana. David Vincent tiene que prevenir al mundo de lo que ha visto y de lo que sabe, pero... ¿quién va a creerle?
Este es el prometedor arranque del primer episodio de "The Invaders", emitido el 10 de enero de 1967 y que immediatamente contó con el beneplácito de la crítica y el público. La posibilidad planteada por la serie de que nuestro planeta podría ser objeto de codicia por parte de una inteligencia alienígena superior a la nuestra atrapó a una audiencia ya familiarizada con el tema gracias a las producciones de ciencia ficción que se habían apoderado de las salas de exhibición cinematográfica desde los primeros años cincuenta. "The Invaders", con su sencillo planteamiento que evitaba caer en la trampa de un exceso de efectos especiales y de argumentos totalmente increíbles, aportó a un público altamente motivado considerables dosis de intranquilidad, pues la situación que proponía la serie podía estar ocurriendo en aquellos mismos momentos sin que nadie pudiese estar percatándose de ello. En la primavera de 1965, el productor Quinn Martin andaba a la búsqueda del que sería el protagonista de su nueva producción para la televisión. Tenía que ser un actor alto, apuesto y de masculino atractivo sobre el que recaería el peso interpretativo de la serie, acompañado en cada episodio por diferentes estrellas invitadas (finalmente, una larga lista de grandes nombres como Michael Rennie -un guiño a su personaje en "Ultimátum a la Tierra"- Diane Baker, Suzanne Pleshette o Burgess Meredith). De modo casual, entró en contacto con Roy Thinnes, un actor que respondía a las exigencias del personaje y que se hallaba entonces interpretando la serie "The Long Hot Summer", producción que tuvo que ponerse a buscar, a toda prisa, otro actor para sustituirle en la adaptación de la obra de Tennessee Williams. Thinnes se unió al equipo de Quinn Martin Productions, que trabajaba en los estudios Samuel Goldwyn en la construcción de los costosos decorados para las escenas de interiores, especialmente los de las naves extraterrestres. Para conseguir el mayor realismo posible en las escenas con los platillos volantes, se hicieron tres modelos de distintos tamaños, utilizados en función de las necesidades de cada secuencia en la que iban a aparecer. Los guiones de los episodios fueron encargados a diferentes autores partiendo de la idea original de Larry Cohen, quien se había puesto en contacto con el Instituto de Estadística de los EUA para aseverar el dato de que uno de cada cuatro ciudadanos americanos aseguraba haber visto un OVNI en algún momento de su vida. Uno de los más inquietantes elementos de "The Invaders" radicaba en las especiales características de los invasores alienígenas, a simple vista tan humanos como cualquiera de nosotros. David Vincent, el protagonista interpretado por Roy Thinnes, acaba por establecer algunos ítems básicos para diferenciarles de los terrícolas: no tienen pulso ni ritmo cardíaco, dado que carecen de corazón, su dedo meñique está inseparablemente unido a su anular y, cuando mueren, se desintegran en una brillante luz roja. "The Invaders" fue un considerable fenómeno que comportó el lanzamiento de distintos productos de merchandising, siendo tal vez los más populares la maqueta del platillo volante alienígena -fabricada por Hobby y Aurora, entre otras marcas- y la serie de comics editada entre 1967-1968 por la Gold Key. La serie se prolongó en la ABC durante dos temporadas, hasta la emisión del último capítulo el 26 de marzo de 1968. Con el paso del tiempo, "Los Invasores" se ha convertido en una clásico de la pequeña pantalla, en el que se han inspirado muchas producciones posteriores, tanto para el cine como para la televisión.

domingo, 3 de agosto de 2008

Una O'Connor: el temperamento irlandés

Desconfiados, cascarrabias, resabiados y puñeteros, los personajes que Una O'Connor encarnó en la gran pantalla estaban impregnados de las raíces irlandesas de esta notable actriz, cuya carrera sobre los escenarios llegó a ser tanto o más importante que la que desarrolló en el cine. O'Connor, dueña de una particular e impertinente voz que supo adaptar a las especiales características de los papeles que se le ofrecían, destacó en numerosos roles secundarios como el ama de llaves o señora de compañía eternamente enfadada con el mundo. En este sentido, resultan inolvidables sus creaciones en "Bride of Frankenstein" y "The Invisible Man", ambas bajo la dirección de su buen amigo James Whale, a las órdenes de Billy Wilder en "Testigo de Cargo", de la mano de Michael Curtiz en "The Adventures of Robin Hood", de George Cukor en su versión de "David Copperfield" o bajo la batuta de John Ford en "The Informer". En todas estas y otras muchas producciones, Una O'Connor dejó sentado un arquetipo único e irrepetible dotado de tal anacronismo que lo hacía funcionar con la precisión de un reloj suizo sin tener en cuenta el período histórico en el que se emmarcaba la acción del film. Nacida Agnes Teresa McGlade en Belfast, Irlanda, en 1880, creció en el seno de una familia católica nacionalista, adoptando su nombre artístico al pasar a formar parte de la compañía del Abbey Theatre de Dublín. Trabajó en los escenarios durante muchos años, curtiéndose en teatros de Irlanda e Inglaterra hasta que, en 1930, apareció en la película de Alfred Hitchcock "Murder" y, más tarde, en la producción de Frank Lloyd de la obra de Noel Coward "Cavalcade". Esta última supuso para Una O'Connor el inmediato reconocimiento internacional en un film que se alzó con tres premios de la Academia, uno de ellos a la Mejor Película de 1933, lo que la hizo acreedora de un pasaporte a Hollywood donde se presentó ante el público estadounidense con "Horseplay".
Pese a contener apariciones en films absolutamente intrascendentes, la carrera americana de O'Connor está plagada de grandes éxitos a los que aportó su maestría como comedy relief: en "Bride of Frankenstein" (1935) como la criada metomentodo de un Colin Clive en plena relación de amor-odio con su criatura de laboratorio, Boris Karloff, y en "The Adventures of Robin Hood" (1938) como el aya de una Marian-Olivia de Havilland rendida a los encantos de un Robin de Locksley interpretado por el bellísimo Errol Flynn. Más tarde, sería la madre de un acobardado Charles Laughton en "Esta tierra es mía" (1943), actor al que volvería a acompañar en "The Canterville Ghost" (1944). Como la mayoría de los grandes intérpretes de reparto de la industria del cine, O'Connor comenzó a trabajar para la televisión a finales de la década de los cuarenta. Sus pocas apariciones en la gran pantalla a partir de ese momento son prácticamente irrelevantes, incluyendo una curiosa escapada a Italia en 1952 para participar en una comedia rodada en Cinecittà, "Don Calogero", junto a Barry Fitzgerald. Tendría que llegar 1957 para que le fuese ofrecido un gran personaje de absoluto lucimiento en la que sería su última película, "Witness for the Prosecution", dirigida por Billy Wilder y en la que brillaría especialmente entre unos inmensos Charles Laughton, Tyrone Power, Marlene Dietrich y Elsa Lanchester. Esta adaptación de la obra de Agatha Christie le permitió retomar el rol de Janet McKenzie, la mucama sorda y gruñona de una adinerada viuda londinense víctima de asesinato, que tan buenas críticas le había reportado durante el período 1954-1956 en el escenario del Henry Miller's Theatre de Broadway.
Una O'Connor se retiró después de su participación en el film de Wilder, falleciendo en Nueva York el 4 de febrero de 1959 a los 78 años de edad.