miércoles, 2 de julio de 2008

Thelma Ritter, la asistenta perfecta

Dos papeles brillan, refulgentes, en la carrera de Thelma Ritter. El primero de ellos, Miss Stella, enfermera a tiempo parcial contratada por una compañía de seguros para cuidar del fotógrafo transitoriamente inmovilizado de "Rear Window" ("La ventana indiscreta", 1954), y en donde Alfred Hitchcock le consintió merendarse, tranquilamente, al resto del reparto, incluyendo a James Stewart, Grace Kelly, y a unos estupendos Wendell Corey y Raymond Burr.
El segundo, Miss Birdie Coonan, posiblemente el rol por el que se la recordará eternamente, en la obra maestra de Joseph Leo Mankiewicz "All about Eve" ("Eva al desnudo", 1950), junto a una Bette Davis en el mejor momento de su madurez interpretativa y en pleno duelo magistral con esta, Anne Baxter y Celeste Holm. Se dice pronto.
No fue ni la suerte ni la casualidad que Thelma Ritter llegara a interpretar tan gloriosamente estos dos personajes, ni tampoco fue el resultado de exhaustivos y agotadores ensayos. Ritter no necesitó nada de todo esto para expresar su talento, del mismo modo en que lo hizo en todas y cada una de sus apariciones en la gran pantalla. Su capacidad para transmitir emociones al público le permitió desarrollar un personaje extrovertido, pero cargado de pesimismo, desengaño vital y un cierto hastío, características que, curiosamente, le granjearon la absoluta simpatía y complicidad de la audiencia. Así, fue el contrapunto perfecto para las comedias intrascendentes que tuvo que interpretar junto a la insufrible Doris Day, o para los dramas con fondo de denuncia social como "City across the river" (1949), o de intrigas petroleras como "Lucy Gallant" (1955). En cualquier caso, pese a mostrar siempre esa especie de desidia, ese pasear por la pantalla como sin ganas, los ojos del público no la perdían de vista en ningún momento, y sus oídos esperaban escucharla soltar uno de sus latigazos verbales (su especialidad, por otro lado) cargados de ironía, ácido humor y, algunas veces, segundas intenciones. Thelma Ritter nació en Brooklyn (Nueva York) en 1905. Comenzó muy tardíamente su carrera artística, pese a sentir la vocación por la interpretación desde muy joven, actuando en montajes escolares de obras teatrales y, más tarde, en compañías de repertorio. Así, tuvo que aparcar durante algunos años su profesión dedicándose al cuidado de los dos hijos que tuvo con su esposo, Joseph Moran, ejecutivo publicitario. Cuando pudo volver a trabajar, en los primeros años cuarenta, comenzó en el medio radiofónico sin demasiado éxito. Su primer papel en el cine -ya contando cuarenta y cinco años- fue en "Miracle on 34th street" (1947), donde ofreció un recital como la madre incapaz de dar a su hijo el juguete que Santa Claus le ha prometido. Su segundo trabajo fue en "A letter to three wives" (1949), dirigida por J. L. Mankiewicz, quien quedó tan impresionado con su interpretación que la incluyó en el reparto de la ambiciosa producción que escribiría y dirigiría al año siguiente, "All about Eve". La mítica película significó para Miss Ritter su primera nominación al Oscar de la Academia de Hollywood, de las que recibiría otras cinco sin nunca conseguir la estatuilla. Su personaje de asistente personal, criada, amiga y confidente de la peculiar estrella del teatro Margo Channing (Bette Davis), puso la primera piedra de toda una retahíla de papeles orientados en este sentido, terminando por convertirla en la personificación de la maid of all work ideal dentro de la industria del cine. Su carrera, pese a tomar esta peligrosa dirección, es un ejemplo de dosificación y buen hacer, aportando a cada personaje los matices que necesitaba y evitando caer en la fácil reiteración de un arquetipo asumido.
Alfred Hitchcock supo aprovechar esta faceta ofreciéndole un jugoso papel en "Rear Window", como la enfermera de vuelta de todo que se implica, con Stewart y Kelly, en una intriga de detectives privados aficionados en la que el voyeurismo -una de las aficiones no confesadas del orondo realizador británico- y la intromisión en la vida privada de los demás resultan un juego casi letal.
Irremisiblemente atenida a este patrón, Ritter tuvo que verse de comparsa de Doris Day y Rock Hudson en "Pillow talk" ("Confidencias a Medianoche", 1959), siendo su interpretación lo más memorable de esta cinta, típica comedia de enredos al más puro estilo de su protagonista con apartamentos de lujo, restaurantes caros, abriguitos de visón y mucho, mucho teléfono. Habría que esperar hasta 1961 con "The Misfits" ("Vidas rebeldes") para volver a ver a Thelma Ritter en un personaje estremecedor, Isabelle Steers, una de los integrantes del desarraigado grupo formado por unos decadentes Clark Gable, Marilyn Monroe y Montgomery Clift, dirigidos con palpable pesimismo por John Huston.
Thelma Ritter murió en 1969 a consecuencia de un ataque cardíaco. En sus últimos años alternó cine y televisión, ofreciendo todavía algunas buenas interpretaciones, como en "Birdman of Alcatraz" y en "How the West was won", ambas de 1962. Además de las seis nominaciones al Oscar, Ritter fue nominada a un premio Emmy y a tres Globos de Oro, consiguiendo finalmente un Tony por su participación en el musical teatral "New Girl in Town" (1957).

martes, 1 de julio de 2008

Weird Toons # 5: "Gossamer"

Uno de los personajes más insólitos creados por la división de animación de la Warner Bros. fue esta enorme masa de pelo rojo conocida por el nombre de Gossamer. Su cuerpo rectangular se remata con dos fieros y expresivos ojos incrustados donde se supone que debería estar la cabeza y, para postre, calza unas blancas y eternamente impolutas zapatillas deportivas. Un elemento de tan esperpéntica categoría solo podía salir de la imaginación de Chuck Jones, quien le introdujo en su corto de Bugs Bunny "Hair-Raising Hare" (A Warner Bros. Merrie Melodies, 1946), aunque todavía sin disponer de nombre propio. Bugs cae en manos de un científico loco (sospechosamente parecido a Peter Lorre) quien pretende utilizarlo para sus experimentos. El escurridizo conejo, por descontado, huye del laboratorio justo a tiempo, mientras es perseguido por el monstruo pelirrojo. Bugs entretiene a Gossamer con una improvisada sesión de manicura, que le sirve para escapar de sus garras.
Con una trama muy similar se estrenó más tarde "Water, Water every Hare" (A Warner Bros. Looney Tunes, Chuck Jones, 1952). Aquí, el monstruo peludo es timado con una coiffure puesta en práctica, en el último momento, por el taimado conejo. Michael Maltese remedó el argumento anterior de Tedd Pierce aportándole algunos elementos muy sugerentes, como el gag en el que Bugs y el científico loco son presa de un agradable "viaje" inducido por la inhalación de éter. Aquí, el personaje es nombrado, una sola vez, como "Rudolph".
"Duck Dodgers and the return of the 24 1/2 th Century" (A Warner Bros. Merrie Melodies, Chuck Jones, 1980) retomará el personaje apareciendo, esta vez, como un monstruo espacial -por cierto, con su tamaño considerablemente aumentado- que pondrá en apuros a Daffy Duck y Porky Pig (repitiendo sus personajes del magnífico corto de 1953 pero, lamentablemente, sin el mismo resultado). En este cartoon adquirirá oficialmente su nombre definitivo.
Gossamer se dejó ver todavía, durante la década de los noventa, en algunos cameos en producciones de la Warner Bros., como en las series "The Sylvester and Tweety Mysteries" y "Tiny Toon Adventures", y en la película de largometraje "Space Jam".

domingo, 29 de junio de 2008

Weird Toons # 4: "The Gruesomes"

Un ejemplo más de personajes increíblemente desperdiciados, "The Gruesomes" pasearon su cadavérico encanto por dos episodios de la serie de Pedro Picapiedra y compañía, "The Flintstones" (Hanna-Barbera Productions). Aparecieron en el número 123 ("The Gruesomes", estrenado el 12 de noviembre de 1964), y más tarde en el número 132 ("The Hatrocks and the Gruesomes", en el aire el 22 de enero de 1965). En ambos episodios eran la feliz y hogareña familia que habitaba la casa contigua a la de Pedro y Wilma, conocida en el vecindario por el poco tranquilizador nombre de Tombstone Manor.
Los miembros -de saludable piel verdosa- que componen esta rara familia son Weirdly Gruesome, el amante padre y marido, Creepella, su devota esposa, y el pequeño Gobby. La profesión del cabeza de familia resulta todo un misterio, tanto como los extraños menús que prepara su mujer en la cocina -por supuesto, con ingredientes muy poco usuales- o los inquietantes juegos que dispone su primogénito junto a sus mascotas, un saltamontes gigante y una enorme araña con el curioso apelativo de Schneider.
En el fondo, "The Gruesomes" no deja de ser una average american family como otra cualquiera, con gustos y aficiones muy comunes a las de sus vecinos: Weirdly se pirra por preparar barbacoas de deliciosas costillas de buitre en el patio trasero de la casa -lleno de espinosas malas hierbas- mientras Creepella alimenta a su querida y enorme planta carnívora en una lluviosa mañana de domingo. Todo muy propio de cualquier barrio americano de bonitos chalets unifamiliares que se precie de serlo. A quien estas costumbres no le parecen tan normales y corrientes es a Pedro Picapiedra, quien acaba teniendo sus más y sus menos con tan especiales vecinos.
Al igual que ocurrió con la otra odd family de los estudios de William Hanna y Joseph Barbera, "Mr. and Mrs. J. Evil Scientist" (de la que escribí en una anterior entrada del 14 de junio), "The Gruesomes" tampoco gozaron de la fortuna de disponer de su propio programa. Después de aparecer en los dos episodios referenciados, fueron a parar al closet de Hanna-Barbera hasta que, en 1977, se dejaron ver con cierta regularidad en diferentes entregas de una notable B series del estudio de animación, "Laff-A-Lympics", aunque sin ninguna relevancia argumental y con sensibles cambios en el diseño de los personajes (por ejemplo, Creepella cambiaba su flamígera cabellera pelirroja por una vulgar mata de pelo negro). En cualquier caso, peccata minuta.
Un honroso retorno fue -y de nuevo repitiendo la historia de J. Evil y familia- su pase al universo del papel impreso, donde aparecieron en muchos de los comics de la serie "The Flintstones" editados en los EUA por Gold Key , e incluso llegaron a tener sus propias historietas. Su momento de esplendor editorial llegó con la publicación de un Big Golden Book de la Golden Press-New York en 1965, "The Flintstones meet the Gruesomes", una rareza absoluta con increíbles ilustraciones de George de Santis que me llevó años conseguir (y que más adelante os mostraré en un nuevo post del apartado "Toyland"). Por cierto, resultan muy curiosos los diferentes nombres con los que estos personajes son conocidos. En el doblaje al castellano de los episodios de "The Flintstones", el apellido de la familia es "Horrísono", en los comics publicados en Méjico por Editorial Novaro fue "Tarazonzos" (¿?), y en los editados en España (dentro de "Tele-Historieta", de Ediciones Recreativas S.A.) se les llamó, ya sin tapujos, "Horrorosos".