viernes, 6 de marzo de 2009

"Me llamo Bond, James Bond..." (# 5)

5- Pierce Brosnan: Cuando Timothy Dalton terminó su controvertida etapa como el cuarto intérprete que había personificado a James Bond en la gran pantalla, el que sería su sustituto no era del todo ajeno al papel. De hecho, Dalton obtuvo su oportunidad en la saga de los productores Saltzman y Broccoli gracias a que, en 1982, Pierce Brosnan se hallaba en pleno rodaje -y en cotas de absoluta popularidad- de la serie televisiva para consumo familiar "Remington Steele". Brosnan, así pues, se vio obligado por contrato a rechazar la golosa oferta de los productores de la serie Bond para encarnar al agente 007, y no fue hasta su liberación del contrato que le unía a la serie -emitida con gran éxito por la NBC hasta 1987- cuando pudo ponerse al servicio de Su Majestad Británica en cuatro producciones que, una vez más, volvieron a adaptar las características del personaje  a los parámetros específicos del nuevo actor que iba a encarnarlo, tanto en el aspecto interpretativo como en el físico.
Un físico, por cierto, objecto de deseo universal desde su primera aparición en una serie que, si bien respondía a las expectativas de entretenimiento de masas propias de la televisión de los años ochenta, no podía decirse que basara su excelente aceptación popular en la calidad extraordinaria de sus guiones o en sus valores técnicos o artísticos, sino que utilizaba -y de manera descarada- el carisma de su protagonista y su impresionante estampa para venderse como el pan caliente en infinidad de canales en todo el mundo. Brosnan, de esta manera, pasó de ser el muchacho irlandés extrovertido y ambicioso que abandonó sus estudios para aprender interpretación en el London Drama Center a convertirse en uno de los rostros más mediáticos de los años ochenta. Junto a la actriz Stephanie Zimbalist cosechó un rotundo éxito durante los 94 episodios de "Remington Steele" rodados y emitidos a lo largo de cinco años y anticipando el triunfo de otra producción de corte similar que se estrenaría poco después, "Luz de Luna", en la que también se mezclaban de manera desenfadada elementos propios de las narraciones clásicas detectivescas con un poco -o mucho- de inconsistencia romántica.
Brosnan consiguió transmitir, ya en su primera película como James Bond, "Goldeneye" (1995), una nueva dimensión del personaje que el público internacional aplaudió con entusiasmo después de la tibia acogida dedicada a Timothy Dalton quien -pese a que sus películas Bond fueron tremendos taquillazos- no consiguió aportar al personaje las trazas canallas ni las dosis suficientes de testosterona que la audiencia reclamaba, posiblemente lastrado por su condición de actor "serio" especializado en dramas shakesperianos y en literatura inglesa del siglo XIX, y pese a ser infinitamente más elegante y cool que su antecesor, Roger Moore.
Así, Brosnan recuperó para la creación de Ian Fleming la tradición de los agentes secretos al uso -fríos, analíticos, sibaritas y sexualmente insaciables- que habían hecho las delicias de las plateas y anfiteatros desde los primeros años de la Guerra Fría. "El mañana nunca muere" (1997), "El mundo nunca es suficiente" (1999), y "Muere otro día" (2002) completaron el currículum del actor como intérprete Bond, pasando desde entonces a ser una figura recurrente en toda clase de producciones que han cosechado mayor o menor fortuna, pero casi siempre dentro de los parámetros del cine para consumo masivo de las majors de Hollywood. Hoy, gordo y feliz, Brosnan vive en Malibu Beach modificando espectacularmente su volumen físico para cada nuevo rodaje, siendo el último su colaboración -todavía no estrenada- con Roman Polanski en "The Ghost", después de su exitosa incursión en el cine musical junto a Meryl Streep en "Mamma Mia".

domingo, 1 de febrero de 2009

"Me llamo Bond, James Bond..." (# 4)

4-TIMOTHY DALTON:
Moreno, alto, distinguido, con unos expresivos ojos verdes y unos exóticos y casi felinos rasgos, Timothy Dalton, actor galés de cuarenta y ún años, fue el seleccionado por los productores Saltzman y Broccoli para interpretar al agente 007 cuando Roger Moore, ya con una edad imposible para interpretar el personaje, abandonó la serie en 1985 después de "Panorama para matar". No fue esta, sin embargo, la primera vez que el rol de James Bond se cruzaba en su camino, ya que a sus 22 años fue propuesto para el papel después de la deserción de Sean Connery. Dalton se consideró demasiado joven, entonces, para asumir el personaje, convencido además de que la serie de películas del agente 007 estaba tomando un rumbo demasiado alejado de la esencia de las novelas originales de Ian Fleming. Aún se toparía, a comienzos de la década de los ochenta, con una nueva proposición para protagonizar "Octopussy", pero -una vez más- rechazó la oferta.
Nacido en 1946 en Colwyn Bay (Gales), Timothy Dalton se matriculó en 1964 en la Royal Academic of Dramatic Art, comenzando una gira de representaciones teatrales con el National Youth Theatre. El joven Dalton no terminó sus estudios en la RADA, enrolándose en la compañía del Birmingham Repertory Theatre en 1966, de donde saltó a la televisión convirtiéndose en una presencia habitual en producciones de la BBC. Su debut en la gran pantalla tuvo lugar en 1968 con un pequeño papel en "El León en Invierno", junto a Katharine Hepburn y Peter O'Toole. Después del éxito obtenido con esta producción histórica, Dalton inició una serie de participaciones en dramas clásicos, siendo el más popular de ellos la adaptación de 1970 de la novela de Emily Brontë "Cumbres Borrascosas", en la que dio vida al atormentado Heathcliff junto a Anna Calder-Marshall como Catherine.
Las raíces interpretativas de Dalton, básicamente teatrales, demandaron de un parón temporal en su carrera cinematográfica para iniciar una serie de representaciones con la Royal Shakespeare Company en 1971, manteniéndose en gira alrededor del mundo hasta 1978, período en el que hizo solamente dos incursiones cinematográficas, la primera de ellas en 1975 como el diplomático homosexual envuelto en una enrevesada trama de asesinatos políticos en "Permission to kill", y la segunda, como marido de una octogenaria Mae West parodiándose a sí misma en "Sextette" (1978). Si bien ninguna de estas dos producciones para la pantalla grande tuvieron excesiva repercusión en taquilla, sí sirvieron para lanzar la carrera de Timothy Dalton en los Estados Unidos, donde, por fin, conoció la fama internacional después de interpretar al Príncipe Barin en la adaptación de 1980 del clásico de culto de la ciencia ficción "Flash Gordon", delirante adaptación del comic de Gene Raymond en versión pop con música de los británicos Queen.
James Bond vuelve a llamar a su puerta en 1986 con la retirada de Roger Moore, y una vez más Dalton rechaza la oferta de los productores británicos, esta vez por hallarse en gira con dos dramas shakesperianos, "La Fierecilla Domada" y "Antonio y Cleopatra". Saltzman y Broccoli convencen a Pierce Brosnan para aceptar el papel, pero la NBC, productora de la serie "Remington Steele" en la que el actor tenía un absoluto protagonismo, le obligan a rechazar la suculenta oportunidad por razones contractuales. Mientras estos tira y afloja tenían lugar, Dalton se vio libre de sus compromisos en los escenarios y los productores de la serie Bond, aliviados, pudieron anunciar a los cuatro vientos que Timothy Dalton sería el nuevo agente secreto 007 al servicio de Su Majestad Británica.
El contrato firmado entre Dalton y Saltzman-Broccoli especificaba la realización de tres películas en el período de cinco años, a lo que el actor añadió que su James Bond tenía que ser más serio y reservado que el que había caracterizado la personificación de Roger Moore, y que debían ser eliminados los gags humorísticos que campaban a sus anchas en las últimas producciones de la serie. La primera aventura 007 con Dalton al frente del reparto, "The Living Daylights", resultó un éxito de taquilla que recaudó más dinero que las dos precedentes entregas con Moore, e incluso que sus rivales más directas en el box-office en aquel año de 1986, "La Jungla de Cristal" y "Arma Letal", y todo ello a pesar de contar con el lastre que supusieron la joven actriz Maryam d'Abo -demasiado alejada de la imagen de Chica Bond a la que el gran público estaba acostumbrado- y de un villano pobre en matices -comparado con los anteriores Dr. No, Goldfinger, Blofeld, Drax o Zorin- interpretado por el actor holandés Jeroen Krabbé. La segunda entrega Dalton, "Licencia para matar", no tuvo la misma suerte que su precedente y Saltzman y Broccoli sufrieron un buen revés en taquilla, circunstancia que la productora achacó públicamente a errores en la promoción internacional de la cinta. El hecho de que, inesperadamente, el título de la película cambiase de "Licence Revoked" a "Licence to Kill" no ayudó, ciertamente, a una ideal campaña de difusión.
Timothy Dalton no llegó a rodar la tercera de las entregas especificadas en su contrato. En 1990, las feroces batallas legales entre la productora de Saltzman y Broccoli, la británica EON, y la distribuidora internacional de las películas de la serie, la norteamericana United Artists/MGM, retrasaron durante tres años el rodaje de la nueva aventura Bond, "GoldenEye". Dalton, cuyo contrato había expirado ya, no se decidió a renovarlo cuando EON se lo ofreció para poder iniciar el rodaje de la nueva película, ya que el actor había perdido toda motivación por el proyecto. Dos meses más tarde, Pierce Brosnan se incorporaba al equipo de "GoldenEye" como el nuevo James Bond.
Las dos encarnaciones del agente 007 realizadas por Timothy Dalton han quedado como las más introspectivas, realistas y fieles a la obra de Ian Fleming desde los tiempos de Sean Connery. Su James Bond resulta un rebelde que no acepta sin discusión previa las órdenes de sus superiores, a los que cuestiona constantemente, añadiendo un matiz muy interesante al personaje que los fans de la serie agradecieron entusiasmados después de la ligereza demostrada por Roger Moore en su personificación de Bond. Dalton, actor de teatro habituado a bregar con los difíciles textos de William Shakespeare, demostró de esta manera su gran versatilidad y su profesionalidad a la hora de ponerse al frente de cualquier personaje, fuese cual fuese su naturaleza.

domingo, 11 de enero de 2009

"Me llamo Bond, James Bond..." (# 3)

3- ROGER MOORE:
El tercer James Bond ya era un rostro muy popular entre el público internacional cuando tomó el relevo de Sean Connery, quien dejó la serie después de "Diamantes para la eternidad", en 1971. El actor inglés afincado en los Estados Unidos Roger Moore había debutado en Hollywood en 1945, apareciendo como actor secundario en diferentes producciones, destacando especialmente su participación al lado de Elizabeth Taylor en "La última vez que vi París" (1954) y de Lana Turner en "Astucias de mujer" (1956). Dejando aparte su aparición al lado de tan ilustres damas de la pantalla, la carrera cinematográfica de Moore no acabaría de despegar, naufragando tristemente de papel intrascendente a película fallida. Su oportunidad de convertirse en una auténtica estrella llegó a través de la televisión, medio que a finales de la década de los cincuenta y comienzos de la de los sesenta se convertiría en refugio de infinidad de actores y actrices de la gran pantalla que pugnaban por abrirse camino hacia la fama. Así pues, regresó a su Inglaterra natal en 1957 para hacerse cargo del papel protagonista de la serie televisiva "Ivanhoe", que le lanzó al estrellato a ambos lados del Atlántico, y en la que retomaba el personaje que había popularizado Robert Taylor en una colorista producción de la Metro-Goldwyn-Mayer de 1952.
Pero el personaje que le daría verdadera fama universal sería el de Simon Templar en "El Santo", producción de la ITC británica que fue emitida originalmente desde 1962 hasta 1969. Basada en la serie de relatos del escritor Leslie Charteris, "El Santo" narraba las aventuras de un remedo moderno de Robin Hood metido a investigador privado con una especial habilidad para la técnica del disfraz. La serie fue un éxito de clamor, emitiéndose en más de sesenta países y con un total de 120 episodios, resultando la segunda serie televisiva producida en el Reino Unido de mayor duración, tan solo superada por la longeva "Los Vengadores". El personaje de Simon Templar permitió a Moore desplegar todo su encanto masculino y su capacidad para dotar a sus personajes de una fina ironía y un sarcasmo no exento de cierta indiferencia, cualidades que aprovecharía más tarde para componer su particular versión del carácter de James Bond 007. Atenido a un prototipo que funcionaba a las mil maravillas, Moore ofreció una variante del mismo en otra serie para la pequeña pantalla, "Los Persuasores" (1971), junto a Tony Curtis, en la que ambos encarnaron a un par de millonarios metidos a detectives privados con una notable debilidad por socorrer a bellísimas mujeres en apuros, a las que -por descontado- exigían derecho de pernada a cambio de sus servicios profesionales.
La oferta de Harry Saltzman y Albert R. Broccoli para hacerse cargo del personaje del agente secreto 007 llegó en 1973 con la producción de "Vive y deja morir", la primera de las siete entregas Bond protagonizadas por Roger Moore con innegable éxito, avalado -con toda seguridad- por la imagen que el público se había formado del actor, especialmente gracias a "El Santo". La nueva etapa de James Bond con Moore al timón ofreció sensibles cambios en la idiosincrasia del personaje. Los tiempos habían cambiado, y los primeros años setenta habían asumido los históricos movimientos sociales de la década precedente, los cuales pedían a gritos una revisitación de las costumbres del agente 007 al servicio de Su Majestad Británica. Así, el Bond de Roger Moore es más afable y menos estirado que el que compuso Sean Connery, además de gozar de un saludable sentido del humor del que su antecesor carecía completamente. Y, resultando tal vez la novedad más evidente de la nueva era Bond, su relación con las féminas se había suavizado considerablemente, abandonando en gran parte la carga de prepotencia y machismo imperante en las anteriores producciones. De esta manera, las chicas Bond de Roger Moore pasan a ser compañeras de fatigas profesionales o rivales a su misma altura, en lugar de representar a los sumisos objetos sexuales o las mega-harpías de manual del pasado, destacando particularmente Jane Seymour, Britt Ekland, Barbara Bach o Lois Chiles como las representantes de este nuevo estilo de mujer, acorde con las reivindicaciones que en todos los ámbitos sociales venían haciéndose desde el colectivo femenino.
Las películas Bond de Roger Moore, especialmente a partir de "Moonraker" en 1979, en la que el agente 007 viaja al espacio exterior, se dotaron con elementos fruto de la pasión por la tecnología unida a la paranoia terrorista que se propagó mundialmente con la llegada de los años ochenta. Si en las películas de Connery habíamos visto gadgets de diseño imposible aplicados al mítico Aston Martin conducido por James Bond, e incluso un helicóptero de bolsillo que cabía dentro de una maleta, ahora íbamos a conocer naves espaciales cargadas con toneladas de gas letal listo para matar a millones de personas o dispositivos preparados para provocar un gigantesco terremoto en California y eliminar la competencia que para la industria soviética significan los microchips fabricados en Silicon Valley.
Después de las siete películas que Roger Moore protagonizó como James Bond con la total complicidad del público -que había reportado a las arcas de Saltzman y Broccoli una immensa fortuna recolectada en taquilla- era evidente que la edad del actor comenzaba a ser un problema. A los 58 años no podía permitirse el lujo de seguir interpretando al dinámico y atractivo agente secreto, lo que obligó a jubilarle con todos los honores y a buscarle un sustituto, que resultó ser el actor Timothy Dalton. Las siete entregas de Moore -"Vive y deja morir" (1973); "El hombre de la pistola de oro" (1974); "La espía que me amó" (1977); "Moonraker" (1979); "Sólo para sus ojos" (1981); "Octopussy" (1983), y "Panorama para matar" (1985)- sumadas a las seis de Sean Connery y a la que protagonizó George Lazenby, arrojaban ya un total de catorce películas, convirtiendo a James Bond en uno de los personajes más prolíficos de la historia del cine, cifra que actualmente se eleva a veintidós producciones para la pantalla grande interpretadas por seis distintos actores.