miércoles, 17 de septiembre de 2008

Gardner & Sinatra # 1: I got you under my skin

Ava Gardner y Frank Sinatra ya se conocían desde varios años antes de iniciar su tormentosa y apasionada relación. De hecho, Sinatra se había fijado, al poco tiempo de la llegada de la actriz a Hollywood, en 1942, en aquella irritante y jovencísima belleza morena que no tenía nada mejor que hacer que posar en sugerente ropa de baño para el departamento de publicidad de la Metro Goldwyn Mayer o acompañar a su flamante marido, Mickey Rooney, al rodaje de su serie de películas de Andy Harvey, silenciosa y tímidamente desde una silla dispuesta para ella en la parte de atrás del plató. No fue sino hasta 1949, convertida ya Gardner en una de las principales bazas de la MGM, que esta y Frank Sinatra comenzaron su peligrosa liaison, que puso en jaque al mojigato e hipócrita establishment de la Meca del Cine y que a punto estuvo de acabar con sus respectivas carreras. En aquellos días, Ava Gardner se hallaba ya divorciada de sus dos primeros maridos, el chirriante, obeso e histriónico Rooney y el band leader pseudointelectual Artie Shaw. Por su parte, el crooner por excelencia -con permiso de Bing Crosby- formaba junto a su esposa Nancy Barbato uno de los matrimonios más populares de los Estados Unidos, compartiendo ambos un hogar y tres hijos dentro de los cánones del más heterodoxo american way of life. Sinatra, al fin y al cabo descendiente de italianos y con una fuerte carga moral y religiosa, se había casado con su novia de juventud aguijoneado por su madre, Dolly, quien siempre fue una de las más grandes influencias en la vida del cantante. La férrea educación católica que recibió marcaría su existencia hasta el fin de sus días, produciendo en él profundos conflictos interiores que pugnaban constantemente con su notoria afición al juego, al alcohol, a las drogas y a las mujeres.
Nancy Barbato tenía con Frank Sinatra una vida matrimonial sacudida, a menudo, por los romances que este mantenía con otras féminas, siendo tal vez su aventura extramarital más conocida la que vivió junto a otra de las grandes estrellas de la MGM, Lana Turner. Nancy consentía los desvaríos de Sinatra, ya que había comprobado que, una vez consumida la pasión inicial, Frank volvía al redil con el rabo entre las piernas, completamente arrepentido y buscando refugio en su legal regazo. Sin embargo, Ava Gardner marcaría un antes y un después en la relación de Sinatra con el sexo opuesto, modificando para siempre sus esquemas y demostrándole a él y al mundo entero que era mucha mujer para ser, simplemente, una más. Ambos seguirían dependiendo terriblemente uno del otro, incluso muchos años después de su divorcio en 1957, siendo Ava, probablemente, quien más echaría de menos a Sinatra en el largo período de soledad sentimental que vivió la actriz después de romper el que sería su último matrimonio y que se prolongaría hasta su muerte en Londres en 1990.Fue la mismísima Lana Turner, buena amiga y colega de Gardner en los dorados oropeles de la Metro, quien la puso en antecedentes de las costumbres de Sinatra. Con gran discreción y las mejores intenciones, la belleza rubia de Hollywood le habló de como Frank le había prometido dejar a su mujer y casarse con ella, y de como la había abandonado sin miramientos para regresar, hecho un mar de lágrimas, al lecho marital junto a Nancy. Ava, al principio, se tomaba con calma la relación con Sinatra, pero pronto se dio cuenta de que aquel italiano flacucho y temperamental, ídolo de histéricas quinceañeras -sus famosas bobby-soxers- a las que tenía rendidas con el arrullo de su voz incomparable, iba a ser mucho más en su vida que cualquiera de los hombres que le habían precedido, desde sus dos maridos hasta sus ocasionales acompañantes en las cálidas noches de Beverly Hills.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Weird Toons # 20: "Gerald McBoing Boing"

Gerald McCloy es un niño como otro cualquiera, con la particularidad de que no utiliza palabras para expresarse, sino que lo hace a través de efectos de sonido. Esta especial característica tiene desconcertados a sus progenitores, quienes le llevarán de médico especialista en médico especialista sin obtener ninguna explicación para la curiosa dolencia de su pequeño. Gerald se verá, así pues, marginado por sus compañeros de escuela, quienes ven en él una insólita rareza y a quien apodan Gerald McBoing Boing, the noise-making boy ("el chico que hace ruidos"). Gerald, angustiado y a punto de escaparse de casa, tropezará casualmente con el director de una popular emisora de radio, quien le convertirá en una estrella radiofónica dando pie a un edificante y moralista happy end, rasgo generalizado en la producción del, por otro lado, incomparable y único Dr. Seuss, autor de la narración en la que se basa esta joya de la animación universal.La pequeña-gran obra maestra que es "Gerald McBoing Boing" pertenece a una época en que los dibujos animados eran de una exquisita sencillez, arriesgados, elegantes y minimalistas, surgidos de los más grandes talentos artísticos que ha dado la historia de la animación. Es el caso del genial Robert Cannon, adaptador al cine de este singular cuento del popular escritor de narraciones infantiles norteamericano conocido como Dr. Seuss. Theodore Geisel, autor de grandes clásicos de la tradición americana como "How the Grinch stole Christmas", "Horton hears a Who!" o "The Cat in the Hat", escribió en 1950 esta fantástica historia que fue pronto publicada en un disco para niños editado por Capitol Records, con una excelente partitura musical de Gail Kubik. El corto de Robert Cannon para la UPA, producido en la vanguardista línea de animación experimental del estudio, obtuvo un rotundo éxito que le hizo acreedor al Oscar de la Academia de Hollywood al Mejor Corto de Animación en 1950. La United Productions of America (UPA, productora de la que publiqué un extenso post el pasado 28 de junio) se caracterizaba por otorgar a sus animadores, guionistas y realizadores la más absoluta libertad creativa, en contraposición a la férrea dictadura estética e ideológica que se vivía en los estudios de Walt Disney, lugar de procedencia de la mayoría de los artistas de la UPA que huyeron en busca de nuevos y más libres horizontes profesionales. "Gerald McBoing Boing" se encuentra en la novena posición en la lista de los 50 mejores cartoons de la historia seleccionados por prestigiosos animadores, siendo asimismo seleccionada en 1995 para su preservación en la National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de los EUA. La fama y el prestigio internacionales que cobró la producción motivó que la UPA realizara tres cortos más con el mismo personaje, todos dirigidos por Cannon: "Gerald McBoing Boing's Symphony" (1953), "How Now Boing Boing" (1954), y "Gerald McBoing Boing on Planet Moo" (1956).

viernes, 12 de septiembre de 2008

Smithfield, Carolina del Norte

En Agosto de 1997 viajé a Carolina del Norte. Me hallaba en pleno proceso de creación de mi trabajo acerca de Ava Gardner y, después de haber visitado otras ciudades del mundo que forman parte del periplo vital de la estrella, decidí que había llegado el momento de conocer sus raíces en Smithfield, la pequeña ciudad donde nació en 1922. Contacté, meses antes de mi viaje, con el Ava Gardner Museum, una institución dedicada a mantener viva la memoria del más famoso personaje nacido en el estado y que se hallaba, entonces, dirigido por un board of directors en el que se encontraban familiares, amigos y admiradores de Miss Gardner y cuyo presidente honorífico era uno de sus más queridos compañeros de la época dorada de Hollywood, el actor Gregory Peck. El Ava Gardner Museum surgió de la iniciativa del Dr. Thomas Banks, natural de Smithfield aunque residente en Florida, gran admirador de la actriz y con cuya colección de memorabilia gardneriana -recopilada durante toda una vida- comenzó a formarse el fondo del museo. Banks y su esposa Lorraine, actualmente fallecidos, tuvieron la fortuna de conocer personalmente a Ava Gardner, a la que visitaron en Londres en varias ocasiones.
El museo se hallaba instalado en un gran almacén rehabilitado con mucho esfuerzo por aportaciones económicas particulares y tímidas ayudas del Ayuntamiento de la ciudad y de la Administración del estado. Algunas de las personas a las que entrevisté durante la semana que pasé en Smithfield fueron Mary Edna Grimes Grantham, sobrina de la actriz e hija de su hermana Inez, y Dewey Sheffield, uno de sus grandes amigos y senador por Carolina del Norte. Ambos hicieron excelentes aportaciones a mi trabajo de investigación, sumándose a las entrevistas que había realizado anteriormente en Madrid, lugar de residencia de Ava Gardner desde 1955 hasta 1968. Lo cierto es que, en Smithfield, me sentí arropado por unas gentes amables y hospitalarias que me colmaron de atenciones, implicándose en mi trabajo. Desde Mrs. Lee, la anciana bibliotecaria de la Smithfield Public Library que se zambulló conmigo en la hemeroteca local, hasta Busby Sugg, empleado jubilado del servicio de Correos y que fue uno de los primeros pretendientes de la adolescencia de Ava Gardner, todo el mundo deseaba conocer y colaborar con aquel peculiar recién llegado del otro lado del mundo que demostraba tener evidentes problemas para entender un inglés marcado por un fuerte y campesino acento del Old South. Smithfield es un lugar que parece sacado de una ilustración de Norman Rockwell. Y lo es gracias a que la región se halla alejada de las rutas turísticas, lo que perpetúa en sus gentes el estilo de vida sureño sin apenas intromisiones del mundo exterior. Las casas, situadas a ambos lados de estrechas carreteras vecinales, mantienen aún el sabor de los años cuarenta y cincuenta, con sus porches pintados de blanco y sus backyards en donde la ropa se seca al sol y se enfrían las tartas de manzana. La casa natal de Ava Gardner (en la fotografía superior) se encuentra en un apartado camino, rodeada todavía de los mismos tabacales por los que ella correteaba descalza en su niñez, restaurados actualmente su tejado gris y su hermosa chimenea de ladrillo rojo. Al atardecer, el cielo sureño ofrece bellas estampas en rojo y naranja que tiñen los tabacales y los campos de algodón de maravilloso Metrocolor. Recuerdo que me sentaba todas las tardes, después de una jornada de duro trabajo en el museo, en una vieja mecedora en el porche de Waverley's, mi alojamiento y el mejor bed&breakfast del condado de Johnston, para relajarme antes de cenar un sabroso pollo frito al estilo sureño acompañado de mazorcas asadas. Dios bendiga al matrimonio Kelley, que ofrecen cariño, simpatía, comodísimas habitaciones y la más deliciosa cocina de la zona.
Una visita obligada -aunque apetecida- fue a la tumba de Ava Gardner. Situada en el Sunset Memorial Park, a la entrada de la población, es una gran lápida de piedra en la que únicamente podemos leer el apellido familiar y ante la que se encuentran los lugares de reposo de la mayoría de los integrantes ya fallecidos del clan, sus padres y sus hermanos. No me avergüenza reconocer mi emoción en el momento de depositar allí un ramo de flores. El lugar era tan hermoso, tan tranquilo y rodeado de tal verdor que paseé durante largo tiempo por aquel sitio que más parecía un jardín que un camposanto.
Hoy en día, el Ava Gardner Museum ha cambiado de ubicación y se halla instalado en un edificio de nueva construcción con todas las características de un moderno espacio museizado. Las aportaciones que, constantemente, llegan al museo desde todas las partes del mundo hacen de él un santuario que recoge, además del legado personal de la actriz, material gráfico diverso e internacional que el museo documenta y exhibe. Podemos, así, admirar desde el vestuario que lució en sus películas hasta cartas manuscritas, objetos decorativos y antigüedades de su hogar londinense, joyas, fotografías personales y los trofeos y menciones a los que se hizo acreedora a lo largo de su vida profesional. Por supuesto, la institución dispone de una página web que os permitirá ampliar considerablemente la información al respecto: http://www.avagardner.org/